Elegía a J. Armando Lora

Por Johnny Lama

Un corazón santiaguero
ha dejado de latir
y se le ha visto partir
por el celeste sendero
y la pluma y el tintero
son un dueto que le llora
y en sus lágrimas aflora
de muchos el sentimiento
porque quedó sin aliento
la voz de Armandito Lora.

En sus venas la cultura
era lava que bullía
y ardiente se zambullía
en el mar de la escritura
su filial asignatura
por ser de estirpe letrada
cuya divisa empotrada
en la Ciudad Corazón
fue defender la razón
con la palabra ilustrada.

Tuvo aciertos, como humano
y cual mortal muchos yerros,
más nunca fue testaferro
ni puso precio a su mano
al mantenerse lejano
como cultor de noticias
de las diarias inmundicias
que permean el criterio
legando en su magisterio
su acreditada pericia.

No hubo salvas hacia el cielo
ni redobles de tambores
que le rindieran honores
ni oficializado duelo;
al contrario, cantó el suelo
y está de fiesta la flora
que para siempre atesora
los restos del gentil hombre
que en vida llevara el nombre
de don José Armando Lora.

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